






Elliot
Elliot llegó con dos meses y las patas traseras paralizadas y rígidas. Nunca se supo del todo qué le pasó: quizá su madre lo aplastó siendo recién nacido, quizá fue un golpe. Quienes lo tenían decían que lo más humano era sacrificarlo.
Aquí preferimos investigar antes que rendirnos. El TAC enseñó lo que las radiografías no veían: fracturas en las rodillas y en la cadera, y una artrosis que ya venía de aquellas lesiones.
Aquellas lesiones le pasaron factura durante años, y en septiembre de 2025 hubo que amputarle una de las patas traseras. A Elliot no pareció importarle demasiado: sigue igual de loco y cabezón que siempre.
Hoy es un perro adulto y feliz que se mueve a su manera, y esa manera le sobra para todo lo que quiere hacer.
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