Pili

Pili llegó con tres semanas de vida, cedida por una particular de Murcia, y llegó así: con las dos alas malformadas. No vuela. No ha volado nunca y no va a volar.

Contada en corto, su historia es poca cosa. Y ese es justamente el asunto. Por aquí pasan cientos de palomas al año y son los animales más invisibles que tenemos: nadie escribe sobre ellas, casi nadie las amadrina y no hay proyecto que recaude para ellas. Se dan por descontadas, aunque aquí nos dejamos miles de euros anuales en sus instalaciones, cuidados y veterinarios.

Ahora mismo necesitan un voladero nuevo, más grande, que todavía tenemos que construir. Mejorar sus condiciones cuesta dinero, y ese dinero no aparece solo.

Así que Pili hace de anfitriona. No porque su caso sea el más grave, sino porque alguien tiene que dar la cara por las que nadie mira.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Leonardo

Un maine coon abandonado en el veterinario cuando su operación de columna se complicó. Vive a su ritmo y con la dignidad intacta.

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Syrax y Arrax

“Tengo dos geckos que ya no me valen.” Así llegaron Syrax y Arrax, dentro de un terrario que íbamos a comprar por si acaso. Ya no son mercancía: son habitantes.

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Hades

Negro, ciego y velocísimo: llegó con un mes y creció aquí. No necesita ver para ganarte al pillapilla.

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Bechamel

Llegó con el fémur roto y dislocado. Meses de operación, curas y cuidados. Hoy apenas se le nota: blanco, con la cara y las patas naranjas.

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Esmeralda

Apareció en una caja de cartón con una lesión medular irreversible. Dos patas menos después, lleva una vida plena y sin lástima de sí misma.

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Misha

Llegó de Alicante cuando su familia no pudo hacerse cargo. Muy buena —ni un bocadito en años—, canela y con antifaz de bandida.

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Gigi

Un burrito enano que llegó tras años de maltrato y resultó ser buenísimo. Hoy es inseparable de Homer, con quien se pica a jugar a diario.

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Ana «villana», gata atigrada gris de ojos verdes del santuario

Ana «villana»

Apareció en la calle con una secuela de traumatismo y mucho carácter. Hoy es juguetona y tranquila, pero el título de «villana» no se lo quita nadie.

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