



Homer
La vida de Homer antes de llegar aquí se resume en una imagen: dos años atado a un árbol. Fue decomisado de un suburbio de Cartagena y pasó incluso por un refugio que acabó devolviéndole por «chillar demasiado», hasta que en septiembre de 2023 llegó al nuestro, esta vez para quedarse.
Es un burro de manto marrón que en invierno parece un osito con flequillo, y una paciencia que impone si piensas de dónde viene. Dos años mirando el mundo desde el radio de una cuerda dan para mucha resignación; deshacerla es trabajo nuestro de cada día, a base de rutina, espacio y cero prisas. Y de compañía: desde que llegó Gigi, un burrito enano que lo eligió como mejor amigo, a Homer se le ve un lado juguetón que nadie le conocía.
Puedes amadrinarlo y formar parte del resto de su vida, que ya no se mide en metros de cuerda.
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