Homer

La vida de Homer antes de llegar aquí se resume en una imagen: dos años atado a un árbol. Fue decomisado de un suburbio de Cartagena y pasó incluso por un refugio que acabó devolviéndole por «chillar demasiado», hasta que en septiembre de 2023 llegó al nuestro, esta vez para quedarse.

Es un burro de manto marrón que en invierno parece un osito con flequillo, y una paciencia que impone si piensas de dónde viene. Dos años mirando el mundo desde el radio de una cuerda dan para mucha resignación; deshacerla es trabajo nuestro de cada día, a base de rutina, espacio y cero prisas. Y de compañía: desde que llegó Gigi, un burrito enano que lo eligió como mejor amigo, a Homer se le ve un lado juguetón que nadie le conocía.

Puedes amadrinarlo y formar parte del resto de su vida, que ya no se mide en metros de cuerda.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Cacao

Hijo de dos hermanos abandonados, llegó con tres meses. En 2024 una lesión de columna le dejó sin andar; hoy trota como si nada.

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Caramelo

Un lechón duroc que llegó de Valencia tras la DANA, recuperándose de una herida. Hoy crece a ojos vista junto a Datxu, su mejor amiga.

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Misha

Llegó de Alicante cuando su familia no pudo hacerse cargo. Muy buena —ni un bocadito en años—, canela y con antifaz de bandida.

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Arwen

La primera cerdita del santuario: nació de un rescate en una nave industrial de Madrid. Inteligentísima, cabezona y debilidad de Bú.

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Hades

Negro, ciego y velocísimo: llegó con un mes y creció aquí. No necesita ver para ganarte al pillapilla.

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Ana «villana», gata atigrada gris de ojos verdes del santuario

Ana «villana»

Apareció en la calle con una secuela de traumatismo y mucho carácter. Hoy es juguetona y tranquila, pero el título de «villana» no se lo quita nadie.

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Princesa

Atropellada recién parida, llegó con la mandíbula rota y una sonda para comer. La sonda ya no está: come sola. Paso a paso.

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Alfi

Lo encontraron en la calle con dos meses y las patas traseras rotas. Operado y recuperado, ahora es uno de los benjamines del santuario.

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