Blue

A Blue lo vendieron y revendieron media vida, hasta acabar como capricho para la sobrina de alguien que no lo cuidaba: parásitos, picos en las muelas que le impedían comer bien y encierro. Y cuando parecía que no podía ir a peor, una jauría de perros se coló donde estaba y lo atacó. Llegó a nosotras en mayo de 2022 con heridas enormes y sangrantes, cojeando muchísimo; hubo que castrarlo de urgencia por las lesiones. Se portó en las curas con una nobleza que no olvidaremos, con el dolor que arrastraba.

Nada más llegar lo adoptó una burrita anciana maravillosa que le enseñó lo que era el santuario: fueron inseparables hasta que ella falleció. Hoy su debilidad es Lluvia, una yegua para la que Blue es como un hijo pequeño —el tamaño acompaña—: donde va ella, va él.

Recuperado, resultó que dentro de este poni vive un loquillo. Relincha y corretea, y tiene técnicas depuradas: si un día no le haces caso, al siguiente te empuja con la cabeza hasta que rectifiques. Da besitos, aunque él mismo avisa: si está mosca, puede caer un bocadito, con cariño. Sus placeres son el pienso, las manzanas, los paseos tranquilos y la siesta donde dé el sol.

Puedes amadrinarlo y ayudarnos a sostener la jubilación dorada que se ha ganado a mordiscos, literalmente.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Princesa

Atropellada recién parida, llegó con la mandíbula rota y una sonda para comer. La sonda ya no está: come sola. Paso a paso.

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Sarat

Llegó desde Madrid sin vuelo por un golpe, y parecía definitivo. Hoy comparte voladero con Mango, Thelma y Louise.

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Daphne

Una redada policial la sacó del barrio donde vivía. Llegó sibarita y hoy no perdona una verdura, una siesta al sol ni una rascada de barriga.

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Margarita, gata del santuario

Margarita

Despertó de un coma sin que sepamos qué le pasó. De dar vueltas maullando a relajarse y lavarse: avanza poquito a poco, y avanza.

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Muffin

Ciega de nacimiento, llegó con un mes junto a su camada. Se sabe el santuario de memoria: la vista está sobrevalorada si tienes bigotes.

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Bechamel

Llegó con el fémur roto y dislocado. Meses de operación, curas y cuidados. Hoy apenas se le nota: blanco, con la cara y las patas naranjas.

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Maya

Llegó de cachorra con síntomas neurológicos: toxoplasmosis. Se frenó a tiempo y hoy hace vida de gata normal, con un paso especial.

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Wheel

Apareció sola en un descampado, perdida de una cacería. Miedosa, mordiscona y dormilona profesional: para lo chiquitina que es, siempre sorprende.

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