Sarat

A Sarat nos la trajeron desde Madrid. Un golpe le había dejado el vuelo tan tocado que parecía que no iba a levantarlo nunca más.

Se ha adaptado mejor de lo que esperábamos. Hoy vive en el voladero con Mango, Thelma y Louise, que son su pandilla.

Para un ave, el espacio no es un lujo. Es la diferencia entre estar y vivir, y ahí es donde Sarat ha recuperado lo suyo.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Senua

«Hay un gato gris debajo de un palet». Así entró Senua: un bebé de mes y medio, dentro del propio santuario, sin que nadie sepa cómo llegó.

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Elliot

Llegó con dos meses y las patas traseras rígidas. Querían sacrificarlo; aquí preferimos darle una oportunidad. Hoy es un perro feliz que se mueve a su manera.

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Valquiria

Pastora belga con ataxia genética. Cariñosa, torpe y con unas patas larguísimas que no controla del todo. Un elefante en una cacharrería que siempre se vuelve a levantar.

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Juliana y Esmeralda, dos de las gatas del santuario, al sol

Juliana

Ciega de los dos ojos, iban a llevarla a la perrera con un mes de vida. Hoy es la tricolor diminuta que va en brazos colgando, como un tití.

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Palomita

Apareció con un mes de vida, sola en el arcén de una carretera. Tranquila, amable y blanca como su raza manda: andaluza.

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Lara

Nació en el santuario y salió listísima: chantajista suprema, perra-gato, comedora de tomates y negociadora jefa. Obedece cuando le compensa.

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Sun

Única superviviente de su camada, nació con malformación en las patas traseras y querían sacrificarla. Hoy es la diablilla que conquistó la casa humana.

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Susana

Una duroc rosa a la que su propia genética le juega en contra: problemas articulares y cuidados especiales. Vive al ritmo que su cuerpo pide.

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