Ibi

Ibi apareció solo en el campo, en Ciudad Real, siendo un cabritillo. La historia de siempre: fue el capricho de alguien y, cuando dejó de ser cómodo, lo abandonaron a su suerte. Llegó al santuario en diciembre de 2021, tan pequeño que su primer invierno lo pasó buscando con quién dormir calentito.

Lo encontró: Greta, una cerdita pequeña, fue la primera en dejarle sitio para la siesta cuando era un bebé. Hoy las cabras y los cerdos viven en zonas separadas, y a Ibi se le pasó la timidez: está súper adaptado y tiene una pandilla entera de amigas cabras. Conserva sus manías: sorbe el agua haciendo un ruido tremendo, no para hasta dejar el bebedero seco del todo y duerme la siesta siempre en el punto más alto que encuentra.

Puedes amadrinarlo y ayudarnos a sostener su plan de vida: pienso, siestas en alto y cero dramas.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Misha

Llegó de Alicante cuando su familia no pudo hacerse cargo. Muy buena —ni un bocadito en años—, canela y con antifaz de bandida.

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Natalia

Alguien le disparó con un balín y llegó paralítica. Se recuperó entera: hoy es la «intrusa» sana entre sus compañeros de movilidad.

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Crespillo

Crespillo nació en el santuario de su madre recién rescatada, pero por desgracia ella no quería cuidar de los bebés, así que de la camada de 5 él fue el único superviviente.
Fue un duro trabajo sacarlo adelante con

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Sarat

Llegó desde Madrid sin vuelo por un golpe, y parecía definitivo. Hoy comparte voladero con Mango, Thelma y Louise.

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Almendra

Por pura casualidad y gracias al apoyo de personas como tú, Almendra y sus amigas tuvieron la oportunidad de vivir y experimentar un mundo completamente distinto. A través de cuidados constantes, biberones y mucho amor, estas pequeñas ovejitas lograron sobrevivir

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Patoso Cuac, pato doméstico blanco, de pie en el santuario

Patoso Cuac

Llegó de un parque de Ciudad Real con el fémur roto e inoperable. Con reposo y paciencia, hoy apenas se le nota al andar. Lo de patoso, eso sí, es de serie.

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Fionna

La encontraron con tres semanas junto a su madre muerta. Hoy la reconocerás por la peca de la nariz y por lo bien que ha crecido.

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