Leo, perro rescatado del santuario, con su silla de ruedas en el campo al atardecer

Leo

Leo es un teckel de cinco años. Hasta junio de 2026 era un perro superactivo y alegre, de los que no paran quietos. Todo cambió de un día para otro: una lesión medular le dejó las patas traseras paralizadas. Lo operaron, pero la cirugía no funcionó.

Su familia lo intentó. Pero cuidar a un perro parapléjico no es solo quererlo mucho. Hay que vaciarle la vejiga a mano varias veces al día, curar las llagas que le salen por el arrastre, protegerle las patas. En lugar de tirar por lo fácil, buscaron una salida digna para él.

Leo es muy bueno y cariñoso, aunque la situación también le ha pasado factura por dentro: ahora tiene que aprender, que está en su nuevo hogar…

Un perro con movilidad reducida es de los cuidados más caros y constantes que existen: empapadores, vendajes, material de curas, ajustes de la silla. Si quieres formar parte de la vida de Leo, puedes amadrinarlo y ayudarnos a sostener todo lo que viene.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Esmeralda

Apareció en una caja de cartón con una lesión medular irreversible. Dos patas menos después, lleva una vida plena y sin lástima de sí misma.

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Anastaxio

Creció en una huerta vallada y llegó con ataxia sin causa conocida. Corre a su velocidad, llega a todas partes y tiene muchísimo flow.

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Valquiria

Pastora belga con ataxia genética. Cariñosa, torpe y con unas patas larguísimas que no controla del todo. Un elefante en una cacharrería que siempre se vuelve a levantar.

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Senua

«Hay un gato gris debajo de un palet». Así entró Senua: un bebé de mes y medio, dentro del propio santuario, sin que nadie sepa cómo llegó.

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Daphne

Una redada policial la sacó del barrio donde vivía. Llegó sibarita y hoy no perdona una verdura, una siesta al sol ni una rascada de barriga.

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Galia

Afortunadamente, una persona compasiva la rescató y cuidó de ella durante su primer mes de vida. Sin embargo, las dificultades se presentaron cuando se descubrió que Galia tenía problemas de movilidad. A pesar de los esfuerzos iniciales, se necesitaban pruebas

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Muffin

Ciega de nacimiento, llegó con un mes junto a su camada. Se sabe el santuario de memoria: la vista está sobrevalorada si tienes bigotes.

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