Ori

Ori llegó más o menos a la vez que Juliana, con un mal desarrollo de los ojos —sus cuencas parecían vacías— y una lista de problemas de salud que la han dejado chiquitita.

Vive con Juliana en el espacio especial: juntas forman el dúo menudo de la casa, dos gatas pequeñas con historias grandes.

Puedes amadrinarla y formar parte de la vida de Ori.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

cabra dana

Dana

Dana llegó a nuestras vidas en un momento de gran adversidad. Con tan solo 4 días de vida, quedó atrapada en una rambla después de una tormenta despiadada en 2019.

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Fionna

La encontraron con tres semanas junto a su madre muerta. Hoy la reconocerás por la peca de la nariz y por lo bien que ha crecido.

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Leonardo

Un maine coon abandonado en el veterinario cuando su operación de columna se complicó. Vive a su ritmo y con la dignidad intacta.

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Blue

Vendido, revendido, mal cuidado y atacado por una jauría. Sobrevivió a todo y resultó ser un loquillo que empuja con la cabeza pidiendo mimos.

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Almendra

Por pura casualidad y gracias al apoyo de personas como tú, Almendra y sus amigas tuvieron la oportunidad de vivir y experimentar un mundo completamente distinto. A través de cuidados constantes, biberones y mucho amor, estas pequeñas ovejitas lograron sobrevivir

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Wheel

Apareció sola en un descampado, perdida de una cacería. Miedosa, mordiscona y dormilona profesional: para lo chiquitina que es, siempre sorprende.

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Rocko

Lo atropelló una moto con diez meses. Llegó con un ojo fuera de su órbita y la cola rota, y todavía le queda una operación por delante.

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Patoso Cuac, pato doméstico blanco, de pie en el santuario

Patoso Cuac

Llegó de un parque de Ciudad Real con el fémur roto e inoperable. Con reposo y paciencia, hoy apenas se le nota al andar. Lo de patoso, eso sí, es de serie.

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