Daphne

La historia de Daphne empieza como pocas: en una redada antidroga. La policía entró en el barrio donde vivía y ella acabó en un albergue, sin que nadie supiera muy bien qué hacer con una cerdita. De ahí la recogió una protectora en Madrid, y en marzo de 2022 llegó al santuario, donde pasó por su esterilización entre mimos.

De recién llegada era una sibarita que le hacía ascos a media huerta; hoy no perdona una verdura. Sus aficiones son tomar el sol, tumbarse en cuanto alguien amaga con rascarle la barriga y venir corriendo —a una velocidad sorprendente— cuando intuye mimos o comida. Su primer amigo aquí fue Pumba, otro cerdo recién llegado con el que compartió esa fase de ser «los nuevos».

Puedes amadrinarla y ayudarnos a mantener su ritmo de verduras, siestas al sol y carreras interesadas.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Liv

Perdió los dos ojos siendo un bebé y necesita calma: mientras está tranquila, sabe que está bien. Su mapa de la gatera nunca falla.

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Ariel

Sobrevivió a una historia terrible y se convirtió en el alma más empática del santuario. Se despidió el 30 de junio de 2026, saltando y dando besos.

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Muffin

Ciega de nacimiento, llegó con un mes junto a su camada. Se sabe el santuario de memoria: la vista está sobrevalorada si tienes bigotes.

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cabra pikachu

Pikachu

Pikachu es mucho más que una cabra común y corriente. Este cabezón fue rescatado de una situación desgarradora: alguien lo había sacado de una granja con la intención de venderlo para ser sacrificado en una matanza casera. Por suerte, salvado

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Nay

Superviviente de un atropello que le torció la carita y le dejó un colmillo asomando: su seña de identidad y su encanto oficial.

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Natalia

Alguien le disparó con un balín y llegó paralítica. Se recuperó entera: hoy es la «intrusa» sana entre sus compañeros de movilidad.

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Juliana y Esmeralda, dos de las gatas del santuario, al sol

Juliana

Ciega de los dos ojos, iban a llevarla a la perrera con un mes de vida. Hoy es la tricolor diminuta que va en brazos colgando, como un tití.

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Dionisio

Ciego total, sin ojos, y solitario. Sus cuencos siempre en el mismo sitio: con eso se mueve solo y se ha adaptado mejor de lo esperado.

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