Juliana y Esmeralda, dos de las gatas del santuario, al sol

Juliana

A Juliana la iban a llevar a la perrera con un mes de vida, ciega de los dos ojos. Llegó aquí en su lugar.

Se ha quedado pequeñita, es tricolor y es cariñosísima. A veces parece un mono tití: su plan favorito es ir en brazos, colgando, supervisando el mundo desde su humana de turno.

Puedes amadrinarla y formar parte de la vida del tití del espacio especial.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

cabra dana

Dana

Dana llegó a nuestras vidas en un momento de gran adversidad. Con tan solo 4 días de vida, quedó atrapada en una rambla después de una tormenta despiadada en 2019.

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Misha

Llegó de Alicante cuando su familia no pudo hacerse cargo. Muy buena —ni un bocadito en años—, canela y con antifaz de bandida.

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Sun

Única superviviente de su camada, nació con malformación en las patas traseras y querían sacrificarla. Hoy es la diablilla que conquistó la casa humana.

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Valquiria

Pastora belga con ataxia genética. Cariñosa, torpe y con unas patas larguísimas que no controla del todo. Un elefante en una cacharrería que siempre se vuelve a levantar.

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Sarat

Llegó desde Madrid sin vuelo por un golpe, y parecía definitivo. Hoy comparte voladero con Mango, Thelma y Louise.

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Trini, gata negra de dos meses, tumbada sobre empapadores azules dentro de un transportín, mirando a cámara.

Trini

La encontraron en un arcén con dos meses y setecientos gramos. Superó los parásitos, pero su corazón está dilatado y aún no sabemos hasta dónde llega.

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Anastaxio

Creció en una huerta vallada y llegó con ataxia sin causa conocida. Corre a su velocidad, llega a todas partes y tiene muchísimo flow.

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Leo, perro rescatado del santuario, con su silla de ruedas en el campo al atardecer

Leo

Un teckel de cinco años que una lesión medular dejó sin patas traseras. Ahora aprende a vivir sobre ruedas y sigue siendo el mismo perro cariñoso.

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