Juana
Juana pasó cuatro años en un terrario pensado para que «tomara el sol», no para que viviera. Un espacio tan pequeño que no podía darse la vuelta sin levantarse sobre las patas traseras, ni estirarse estando posada, ni trepar, ni alejarse del foco de calor cuando ya tenía suficiente. Las iguanas verdes regulan su temperatura moviéndose; a Juana le quitaron esa decisión.
Compartía ese habitáculo con otra iguana. No por compañía: las iguanas son animales territoriales y solitarios, y encerrar a dos en un espacio del que ninguna puede escapar no es convivencia, es un conflicto sin salida. Juana acabó matando a su compañera. No fue crueldad suya, sino el resultado inevitable de meter a dos animales que necesitan su propio territorio en una caja donde no cabía ni uno.
Ahora Juana está a salvo. Estamos reconstruyendo la habitación de reptiles para que pase el invierno como debe: con espacio para trepar, para termorregular, para ser una iguana. Su historia es la de tantos reptiles comprados como adorno y condenados a una vida en miniatura.
Puedes amadrinar a Juana y ayudarnos a que su nuevo hogar esté listo antes de que llegue el frío.
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Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.
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Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.
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Ana «villana»
Apareció en la calle con una secuela de traumatismo y mucho carácter. Hoy es juguetona y tranquila, pero el título de «villana» no se lo quita nadie.






