Pegatina

Pegatina apareció donde no debería aparecer ningún cordero: en una perrera. Tenía menos de tres semanas de vida y nadie sabía qué hacer con ella, así que en enero de 2026 nos la trajimos a casa.

Un cordero de esa edad necesita biberones, calor y presencia constante, y esas semanas de crianza a mano explican el nombre: se pega a sus humanas como una pegatina, literalmente. Ha crecido sana, y sigue sabiendo que las personas somos parte de su rebaño.

Puedes amadrinarla y formar parte del rebaño oficial de Pegatina.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Arwen

La primera cerdita del santuario: nació de un rescate en una nave industrial de Madrid. Inteligentísima, cabezona y debilidad de Bú.

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Senua

«Hay un gato gris debajo de un palet». Así entró Senua: un bebé de mes y medio, dentro del propio santuario, sin que nadie sepa cómo llegó.

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Moon

Llegó de Ávila con artrogriposis y una timidez que cuesta días. Debajo, un cacho de pan: él le enseñó el santuario a Mowgli.

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Ariel

Sobrevivió a una historia terrible y se convirtió en el alma más empática del santuario. Se despidió el 30 de junio de 2026, saltando y dando besos.

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Juliana y Esmeralda, dos de las gatas del santuario, al sol

Juliana

Ciega de los dos ojos, iban a llevarla a la perrera con un mes de vida. Hoy es la tricolor diminuta que va en brazos colgando, como un tití.

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Dionisio

Ciego total, sin ojos, y solitario. Sus cuencos siempre en el mismo sitio: con eso se mueve solo y se ha adaptado mejor de lo esperado.

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Natalia

Alguien le disparó con un balín y llegó paralítica. Se recuperó entera: hoy es la «intrusa» sana entre sus compañeros de movilidad.

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Mango

Llegó paralítico, como su hermana Fresa. Un mes de ejercicios diarios y unas ganas enormes: hoy corre. La rehabilitación la hizo él, nosotras solo insistimos.

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