Bilbo

A Bilbo lo encontraron en una cuneta, donde iba a dejar el mundo sin que nadie se enterara: tenía la columna rota y una pata afectada, y temblaba de indefensión y de miedo.

Durante semanas fue superando el dolor físico, pero su cara seguía reflejando otro dolor más terrible: el emocional. Poco a poco va sintiéndose seguro. Y tiene un aliado inesperado: Martín, que ha pasado de los celos a querer ayudarlo.

Puedes amadrinarlo y acompañar la parte de su recuperación que no se ve en las radiografías.

Tu ayuda es realmente útil

Protege a los animales más necesitados

Tu amadrinamiento es un compromiso con la vida. Gracias a tu ayuda, los animales rescatados reciben la alimentación y los cuidados necesarios para vivir felices.

Cada habitante recibe una dieta equilibrada, rica en nutrientes esenciales para su bienestar.

Cubres tratamientos médicos, revisiones veterinarias y cuidados especiales en casos críticos.

Aseguras que viva en un espacio protegido, libre de explotación y rodeado de libertad.

Conoce a otros habitantes del santuario

Juliana y Esmeralda, dos de las gatas del santuario, al sol

Juliana

Ciega de los dos ojos, iban a llevarla a la perrera con un mes de vida. Hoy es la tricolor diminuta que va en brazos colgando, como un tití.

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Zelda

Apareció sola en un pueblo, con los ojos infectados y nadie alrededor. Se crió con Lenué y salió tranquila y simpática.

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Natalia

Alguien le disparó con un balín y llegó paralítica. Se recuperó entera: hoy es la «intrusa» sana entre sus compañeros de movilidad.

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Maya

Llegó de cachorra con síntomas neurológicos: toxoplasmosis. Se frenó a tiempo y hoy hace vida de gata normal, con un paso especial.

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Esmeralda

Apareció en una caja de cartón con una lesión medular irreversible. Dos patas menos después, lleva una vida plena y sin lástima de sí misma.

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Lenué

Llegó con un mes, sin una oreja y con heridas de la colonia donde nació. Hoy es el bribón que hace de anfitrión en las estancias solidarias.

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Limoncín

Apareció siendo un huevo en una colonia de gatos. Hoy es un pavo real diminuto que corre más que nadie y se sube a usarnos de percha.

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Moon

Llegó de Ávila con artrogriposis y una timidez que cuesta días. Debajo, un cacho de pan: él le enseñó el santuario a Mowgli.

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