


Mateo
A Mateo lo recogieron de un jardín en pleno Albacete, abandonado, con cinco o seis años —un abuelo para lo que vive un hurón— y en muy mal estado: debilitado, con el pelaje amarillento y una masa en el abdomen.
El susto inicial apuntaba a un linfoma, pero se quedó en eso, un susto: los controles posteriores lo descartaron y hoy solo lleva vigilancia del hígado. Mateo está estupendo, y de carácter es exactamente lo contrario de su aspecto de hurón curtido da: muy bueno, inquieto, nervioso y sin morder jamás.
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