Equinos

Lluvia

Lluvia fue rescatada en los huesos. No le daban de comer. Vivía en un estado de abandono extremo, hasta el punto de que su hija murió de inanición. Esa pérdida forma parte de su historia y explica muchas de las heridas —visibles e invisibles— que cargaba cuando llegó.

Tras mucho tiempo, algunas personas se preocuparon por ella y lograron sacarla de allí. Así comenzó un largo proceso de recuperación: Lluvia estaba profundamente desnutrida y arrastraba muchos traumas, especialmente relacionados con la comida y con la confianza hacia los humanos. 

En el santuario conoció a Blue, quien se convirtió en su amigo inseparable. Su vínculo fue clave en el proceso: la compañía, la estabilidad y el respeto marcaron la diferencia. Aun así, no fue fácil. Nos costó mucho que confiara. Durante un tiempo, el trauma con la comida hacía que incluso llegara a atacar, haciendo que fuera bastante duro tratar con ella.

Con paciencia, cuidados diarios y tiempo —mucho tiempo—, Lluvia fue recuperando peso, seguridad y calma. Hoy tiene un peso saludable, una rutina estable y una vida tranquila. Sigue siendo una yegua sensible, pero ya no vive desde el miedo, ahora disfruta de la vida que le arrebataron.

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