Nay
Superviviente de un atropello que le torció la carita y le dejó un colmillo asomando: su seña de identidad y su encanto oficial.
Superviviente de un atropello que le torció la carita y le dejó un colmillo asomando: su seña de identidad y su encanto oficial.
Un ataque lo dejó tetrapléjico y una semana sin tratamiento casi lo remata. Hoy es de los gatos más graciosos del santuario, con funko propio.
Apareció en la calle con una secuela de traumatismo y mucho carácter. Hoy es juguetona y tranquila, pero el título de «villana» no se lo quita nadie.
Lo encontraron en un huerto sin poder levantarse: fractura lumbosacra. Operado, vuelve a andar y es cariñoso hasta la pesadez. Lo decimos con amor.
Sus ojos no llegaron a desarrollarse y la salud la ha dejado chiquitita. Vive con Juliana: el dúo menudo del espacio especial.
Despertó de un coma sin que sepamos qué le pasó. De dar vueltas maullando a relajarse y lavarse: avanza poquito a poco, y avanza.
Gris, blanca y preciosa, con una ataxia que convierte su andar en un baile de botecitos. Va bailando por el espacio especial.
Lo abandonaron en una caja con mes y medio y ataxia. Camina con más voluntad que puntería, llega siempre y chilla si falta el segundo desayuno.
Llegó paralítico, como su hermana Fresa. Un mes de ejercicios diarios y unas ganas enormes: hoy corre. La rehabilitación la hizo él, nosotras solo insistimos.
Abandonado en un jardín de Albacete con seis años y una masa abdominal. Muy bueno, inquieto y sin morder jamás: un abuelo que merece cuidados.